Soundscapes

Hoy descubri, luego de ingresar mi automóvil a mi nuevo y flamente garage (con portón corredizo verticalmente, que es lo que un águila al vuelo rasante cordillerano, pero no viene al caso realmente) que al apagar el susodicho bólido, una paz flagrante es la que adorna nocturnamente cada parte de la serena característica (muy comentada por visitantes) de este barrio en desarrollo.

A no ser por una extraña e inusual frecuencia que según mis estudios fono-cognitivos roza y casi que sobrepasa los 16 kiloherzios de onda audible análoga y precisa. Es la primera y sorpresiva vez que noto que desde esa tranquilidad, brota, de algún lugar ininteligible esa puta frecuencia aguda que me cautiva y me hace ponerme en modo interrogativo sobre mis asuntos más privados y oscuros de mi propia inconsciencia. La parte más terrenal quiere convencerme de que es una alarma de esos nuevos Toyota Etios que, por alguna razón de ingeniería oriental, ponen los ecualizadores de forma tal que, ese puto y extraño sonido, se escuche a mega distancias. Y cuando digo mega, estoy hablando de casi 1024 k bytes de cuadra a la redonda.

La cuestión es lo que logra esa vibración de energía sonora para el que tiene justo la suerte de hacer de oyente, (a la distancia) siempre a la distancia: podemos resumirlo en un verdadero orgasmo espiritual que linda entre la experiencia cercana a la muerte y al propio (y conocido) sentimiento de fagotización pornetil al final del tab. Y es que esa última elección de porneta es la que englobaba al resto, proporcionando su propósito y hasta a veces quizá, merecedora de un bookmark. (en modo incógnito, siempre)…

Y que bárbaro que un sonido despierte todas estas incógnitas. Me hace acordar que, en realidád, la realidád, no es más que un mero conjunto de conceptos asimilados asi porque sí, de un puñado de energías desplanzándose por el aire y llegando a la oreja de alguien que, a la postre, decordifica (como puede) todos los significados que ya tiene preinstalados cual si fueran librerías de un Ubuntu que quiere comer, y quiere comer rico. (Nada de software falopa).

Quizás esa frecuencia, nunca más la vuelva a oir y sea solamente, una desvirtuación de las ondas que genera el viento al chocar de frente y con las tetas, contra el provisorio toldo verde que demarca los límites de mi privacidad (y la de mi familia). Tal vez, sólo sea el efepto del Mach 3 de un heligórptero que sobrevuela Malvinas (el partido en el que me hallo, y no está en el sur, sinó en San Miguel -> Te amo).

O muy por esas suertes, sólo esté en mi imaginación: asi como el jacarandá que se comió una plaza entera (con los juegos y todo). Talar los árboles, sólo cuando no queda otra, es casi lo mismo que escuchar esas frecuencias. Sé que ya tengo la edad suficiente para. no sólo comprenderles el porqué, sinó también jugar un torneo de Tenis. (Gordo y todo).

Energías que se mueven (y se transforman), la pucha.

Escuchar: Long Distance Calling (The flood inside)

D. (Volvió! Más viejuno y más reflexivo)

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Una respuesta to “Soundscapes”

  1. contigo en la distancia piripo pipo
    el olor a frecuencia alta
    nos conesta

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